«Pronto seremos 700 millones de hispanoparlantes en el mundo. Eso es un mercado enorme y estamos súper fragmentados», cuenta Guillermo Díaz Sanhueza, emprendedor chileno fundador de la primera comunidad de startups latinoamericanas, #700.

La idea, cuenta Guillermo, surgió tras detectar que los emprendedores latinoamericanos se encuentran muy desconectados, trabajando de forma individual cuando deberían estar haciéndolo de manera colaborativa. Así, el año 2015 nace la comunidad de emprendedores, startups e inversionistas más grande de habla hispana en el mundo.

El objetivo es potenciar el ecosistema de startups de Latinoamérica desde la co-creación, la colaboración y la conexión de talentos, explica el fundador de esta iniciativa que cuenta con el apoyo de instituciones de la talla de Google, Google AdMob, IBM, Samsung, Everis y wework.

#700 es una comunidad -gratuita pero que requiere de una invitación- que busca llevar el ecosistema de startups de Latinoamérica al siguiente nivel, desde una sociedad colaborativa, co-creando proyectos y compartiendo ideas. Pero además es una academia, donde cada año se desarrollan cursos de programación abiertos a la comunidad.

Guillermo en el año 2010 fundó Ibex, una empresa de tecnología y desarrollo, luego se mudó a San Francisco, EEUU en 2014. Estando ahí fundó O´Clock, la startups que permite programar cuentas regresivas sociales para organizar eventos y compartirlas en redes sociales. Ese mismo año, formó parte del equipo que lideró el App Day en toda la región Latinoamericana, llevando el evento a países como México, Brasil y Colombia, una experiencia que sirvió de sustento para lo que luego sería Hashtag 700, la comunidad de startups latinoamericanas que tuvo su origen en la ciudad de La Serena. 

De La Serena al mundo

Todo surgió por una casualidad. Guillermo cuenta que cuando visitó a sus suegros en La Serena no encontró ningún lugar para trabajar. Buscó un cowork pero aún no existía ninguno en la ciudad, quiso probar suerte en un Starbucks pero tampoco encontró uno. finalmente llegó a la Universidad de La Serena donde conoció a personas que estaban comenzando a armar iniciativas para potenciar el ecosistema de emprendimiento en la Región de Coquimbo y se preguntó «¿cómo conecto a estas personas que están comenzando a hacer cosas muy buenas con otras que están en San Francisco o en cualquier parte del mundo para que colaboren?» La respuesta fue incluirlos en un grupo de conversación. Así ocurrió al principio y hasta ahora no han parado de crecer.

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